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INFRAESTRUCTURA Y BUENAS IDEAS

Edna Lorena Fuerte González

Es de la mayor importancia el poder señalar a las buenas ideas cuando las hay, a las iniciativas que permiten transformar, aprovechar las potencialidades y ofrecer soluciones, esto en materia de infraestructura es de la mayor importancia. Nos referimos concretamente al proyecto de transporte semimasivo para nuestra ciudad que busca aprovechar las vías férreas que cruzan la mancha urbana juarense, para hacer un transporte que tiene múltiples ventajas, entre ellas, el que  está pensado como un proyecto de alta tecnología, es no contaminante., y aprovecha un recurso en desuso de la geografía urbana juarense.

Es muy afortunado que desde nuestro gobierno local se busque hacer este tipo de propuestas, sobre todo en el tema de infraestructura para el transporte, que es una de las grandes carencias de nuestras ciudad, y una de las que, además, contribuye a acentuar algunas de las más grandes preocupaciones de los juarenses, pues nuestro servicio de transporte es sin duda uno de los puntos más débiles de la estructura de la vida cotidiana. El crear un sistema de transporte nuevo, controlado, eficiente, implica que se dé a los ciudadanos la posibilidad de llevar una ruta segura hasta sus hogares, es decir, que durante el tiempo que pasen de trayectos dentro de dicho sistema, puedan estar en un ambiente de seguridad.

Proyectos de esta naturaleza verdaderamente pueden contribuir a cambiar la vida cotidiana de una ciudad, desde hace décadas el problema del transporte en esta frontera es uno de los puntos nodales de las demandas de la población, pero más aun ahora, en un contexto de inseguridad, cuando muchas personas buscarían alternativas para transportarse de manera colectiva y no individualmente, o incluso algunos que de tener una opción distinta optarían por no circular en sus automóviles particulares para evitar ser blanco directo de la delincuencia. El rescate de una ciudad pasa por abrir sus vías de comunicación y permitir que los ciudadanos circulen con tranquilidad.

En Juárez es un tema urgente, y este proyecto parece que sería una solución muy adecuada a las necesidades que tenemos; sin embargo, lo más importante en las buenas ideas y los proyectos brillantes es su factibilidad, es decir, que se cuente con todos los elementos para que de verdad sea posible hacerlos. En estos días se ha dado a conocer que las necesidades presupuestales del sistema, que incluyen la adecuación de las vías que se utilizarían, ascienden a 78 millones de pesos, que es una cifra importante, pero no excesiva si tomamos en cuenta la relación costo beneficio en el sentido de la gran masa poblacional a la que puede beneficiar y lo mucho que aportaría a la vida de nuestra ciudad.

Indudablemente está en manos de las autoridades municipales el poder hacer viable esta propuesta, si bien es un tema presupuestal, lo cierto es que sobre todo en materia de administración pública, las grandes decisiones son temas de voluntad; depende de la visión que nuestros gobernantes tienen respecto a las prioridades de la ciudadanía, esto es, que el ejercicio de los recursos sea directamente proporcional a las demandas, que se detecten las necesidades y se mida su beneficio en términos cuantitativos, y en referencias cualitativas.

Es justo decir que para quienes vivimos el Juárez del día a día, el tema del transporte es una de las referencias obligadas cuando hablamos de carencias, y para quienes además les implica una necesidad cotidiana su traslado, el tener un sistema como el que se está proponiendo implicaría un verdadero cambio de vida. En obras como estas, funcionales e inteligentes es que reside la recuperación de nuestra vida urbana, y también puede radicar la construcción de una nueva modernidad, de un nuevo rostro, pues no se trata sólo de una cuestión de imagen, aunque también lo sea, es un asunto de fondo, que da solución a un grave problema.

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70% MENOS CRIMINALIDAD, NO ES IGUAL A NORMALIDAD

Edna Lorena Fuerte González

Nuestro alcalde ha declarado que la criminalidad cayó 70% en nuestra ciudad, esto durante su participación en la II Reunión Binacional de la Asociación de Alcaldes Fronterizos, la cual se realizó en la ciudad de Tijuana, donde coincidió con el alcalde de El Paso, John Cook y diversos mandatarios de ambas fronteras. De acuerdo con este dato, podríamos pensar que Ciudad Juárez está en los mismos índices de criminalidad que había antes de que iniciara la crisis de violencia de los últimos años.

Por otro lado, a pregunta expresa de la prensa respecto a los altos índices de migración que se han atribuido a los efectos nocivos de los últimos años de violencia, el alcalde Munguía aseguró que se trata de un fenómeno más relacionado al factor económico, fruto de la recesión estadounidense que afectó nuestra economía local de manera directa, siendo lo que propició la salida de tantas familias de nuestra ciudad, la mayoría hacia la vecina ciudad de El Paso.

Si atendiéramos sin conceder, a ambas afirmaciones, como ciertas; es decir, partiendo del supuesto de que las declaraciones del munícipe reflejaran puntualmente nuestra realidad, lo que sería un muy buen escenario para quienes vivimos en esta frontera, aun así, hay un aspecto que ni siquiera en este escenario ideal puede quedar fuera de nuestra consideración: si se lograra la reducción de la criminalidad a índices “normales” y si se pudiera comprobar que la migración de los últimos años no se debe a la violencia, estaríamos dejando fuera de nuestra visión una serie de aspectos que deben ser atendidos con urgencia. Los efectos “colaterales” que tanto han sido invocados durante los últimos años en el discurso oficial existen, son reales y tangibles a pie de calle.

Tan sólo la semana pasada en este mismo espacio reflexionábamos respecto al impacto que ha tenido la crisis de violencia e inseguridad en la deserción escolar, y cómo esto marcará a generaciones enteras de niños y jóvenes juarenses. Con esto queremos decir que el hablar de normalidad o justificar con factores distintos a los que implica la violencia, no nos ayuda a solucionar los verdaderos problemas. Incluso si el dicho del Presidente Municipal estuviera sustentado en cifras reales, que fuera comprobable, que se pudiera desmentir a los titulares de los medios que siguen estando encabezados recurrentemente con notas rojas, y al clima de inseguridad que se vive día a día, incluso en ese escenario, nos preocupa que el discurso del funcionario vaya más encaminado al olvido que a hacer conciencia del estado de las cosas.

El índice de asesinatos al que se refiere como principal factor de medición, es únicamente uno de los picos de la estadística de la violencia, y si bien es un paso fundamental para la recuperación el frenar las acciones criminales en lo inmediato, la recuperación debe tocar capas mucho más profundas. Y, por otro lado, la recuperación va también a ese otro factor que se señala, lo económico; la falta de normalidad que hemos vivido los juarenses, y que en todo momento hemos tenido claro que tiene como fuentes de origen tanto la violencia como la crisis económica, deben ser analizadas y trabajadas en conjunto, debemos tener muy en claro que la normalidad no podrá ser construida de otra forma que no sea con la conciencia plena del daño que hemos sufrido en los últimos años. Es decir, contrario a lo que ha afirmado el Ejecutivo municipal, Juárez no es nuevamente la misma, no puede volver a ser la misma, porque ha pasado por estos últimos años que han dejado muchas heridas.

Tampoco puede volver a ser la misma porque no merece que olvidemos, o finjamos que no ha sucedido nada, sino que debemos tener muy en claro que la reconstrucción no nos puede llevar al lugar de donde partimos, sino tiene que venir un aprendizaje, una transformación, Juárez merece ser otra, distinta a la de los últimos cruentos años, pero diferente también a la de antes de esta etapa crítica. Los juarenses, todos, desde cada una de nuestras diferentes trincheras, debemos ser agentes de una transformación consciente.

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DESERCIÓN ESCOLAR, SÍNTOMA DE LA ANORMALIDAD

Edna Lorena Fuerte González

En repetidas ocasiones hemos señalado que lo que vive nuestra ciudad, en cuanto a la violencia y la inseguridad, no es en absoluto normal y hay una serie de efectos que resultan de esa situación de anormalidad. En el Quinto Congreso Nacional de Educación, se ha señalado que la deserción escolar en los diferentes niveles educativos sigue en aumento en nuestra ciudad, y se encuentra por encima de los porcentajes nacionales en cada uno de los niveles, de modo que en nuestro estado estamos ante particularidades que están abonando al aumento de este índice negativo para la educación. De acuerdo con lo que han señalado los propios participantes de este congreso, es la violencia e inseguridad, la inestabilidad social y la crisis económica la serie de cuestiones que están propiciando que los educandos abandonen los salones de clases.

Hay muchas familias juarenses que están yéndose de la ciudad en los últimos años, muchas también que están llevando a sus hijos a instituciones educativas fuera de nuestras fronteras, y peor aun, hay muchas familias que ante la desgracia que han vivido, al enfrentar secuestros, asesinatos, pérdidas de sus negocios, etc. Se han visto en la penosa necesidad de dejar de llevar a sus hijos a la escuela. Al menos en educación básica, se habla de un 30% de deserción en los últimos años, lo cual es un porcentaje sumamente alto para cualquier zona urbana del país. Este efecto, que podríamos calificar de colateral en la lucha contra el crimen organizado, pone en riesgo directo el desarrollo de un futuro claro para nuestra sociedad.

La vida de los niños y jóvenes que han dejado la escuela en los últimos años en nuestra ciudad se ha visto permanentemente afectada, pues de haber perdido el ciclo escolar completo, serán muy pocos los que logren retomar el ritmo de su formación más adelante, no solamente por lo que implica a nivel económico y de esfuerzo familiar el poder hacerlo, sino también por el impacto pedagógico que ello implica, hay razones fundadas para que la educación, sobre todo en los niveles básicos, esté diseñada sobre un esquema de continuidad, año tras año, pues una vez que se sale de la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje, es más complejo para los individuos que se adapten a las exigencias del sistema educativo.

Es importante entender, en este sentido, que el impacto a nivel educativo es un impacto tangible en este momento, pero que tendrá fuertes efectos en el largo plazo, es decir, los años críticos que venimos enfrentado los juarenses, aun cuando las problemáticas sean abatidas en lo mediato, estaremos viviendo sus nocivos efectos en generaciones completas de estudiantes que se vieron afectados por el flagelo de la violencia y la inseguridad. Desde el momento en que las escuelas se convirtieron en posibles blancos de los criminales, desde que se comenzaron a secuestrar y pedir cuotas de “protección” a maestros y directores, muchas de las familias juarenses comenzaron a tomar la decisión de cambiar a sus hijos de escuelas, en los mejores de los casos, o a sacarlos definitivamente en los peores; o definitivamente, como está documentado por el abandono de vivienda masivo que hay en ciertas zonas de la ciudad, a dejar por completo su vida en esta ciudad.

Es por estas cifras, de abandono escolar, que debemos considerar, como se ha puesto en múltiples ocasiones sobre la mesa de discusión, crear políticas de saneamiento, de reparación, por decirlo de alguna manera de estas generaciones que hemos vivido esta que, sin duda, es una de las etapas más cruentas de la historia de esta frontera.  Para recuperar la normalidad, tenemos que observar con detenimiento los efectos nocivos que tenemos que reparar, ser conscientes de todo lo que hemos perdido en este tiempo y encontrar las propuestas concretas para reparar esos daños. En términos del sistema educativo, de la formación de nuestros jóvenes, tenemos que analizar y preparar un proyecto concreto de revisión de lo que estos años han causado a nuestros niños y jóvenes. En principio, habría que crear un padrón de deserción y dar seguimiento a los casos particulares de los estudiantes que han abandonado las escuelas y sus familias, para saber cómo es posible apoyarlos a que vuelvan a la escuela, luego, apoyar a estas generaciones con programas de reinserción  y apoyo psicológico, terapias grupales y demás recursos de análisis psicológico que nos apoyen en la recuperación de la convivencia social. Es una ardua tarea la de la recuperación y la reconstrucción; pero lo peor que podemos hacer es dejar al tiempo sus nocivos efectos.

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SIERRA TARAHUMARA, UNA EXIGENCIA

Edna Lorena Fuerte González

¿Verdaderamente es necesario llegar a ese nivel de sensacionalismo para que se hable de la pobreza, de verdad tienen que ser los medios de comunicación y las redes sociales las que nos hagan entrar en conciencia? Por qué no podemos, como sociedad, ser conscientes de los grandes rezagos y necesidades que enfrentamos sin que tengamos que llegar al extremo de recibir llamados de auxilio desesperados.

La pobreza extrema en la Sierra Tarahumara no es un tema nuevo por desgracia, es uno de los puntos más graves de la agenda humanitaria de nuestro estado, es una de las grandes tragedias humanas por la que deberíamos de estar trabajando ya no más desde la emergencia, sino desde la continuidad que resuelva verdaderamente las condiciones en las que viven estas personas. Estamos hablando de garantizar condiciones básicas para la vida, estamos hablando de los Derechos Humanos de estos grupos indígenas, y es de lo más penoso que tengamos que llegar al extremo de un escándalo mediático en donde se ha hablado ya de muertes por el flagelo de hambre y la desesperación, para que pongamos nuestros ojos en las condiciones que vive esta región.

No podemos volver a ser insensibles a esas condiciones, no podemos volver a dejar en el olvido a las comunidades de la Sierra, pues lo que se necesita, además de la ayuda urgente, es la conciencia plena, si nos permitimos ignorar de nuevo las necesidades básicas de subsistencia que tienen nuestros hermanos indígenas, no podremos nunca comenzar a pagar la deuda histórica que tenemos con estos grupos, no habrá forma de ofrecerles, como sociedad, la posibilidad de un futuro si ni siquiera tienen la posibilidad del presente.

Es terriblemente triste ver las imágenes de marginación y miseria, las inclemencias del medio ambiente, la falta total de oportunidades, es absurdo que se pueda estar viviendo de esa forma en pleno siglo XXI, mientras el resto de los ciudadanos nos alimentamos del confort de la vida moderna,  de los avances tecnológicos, ellos no tienen al  alcance los insumos mínimos de su manutención. El hambre es la peor forma de marginación, es una forma de tortura, de disminución de la condición humana a lo más terrible, imposible que lo sigamos permitiendo.

Quizá todos los chihuahuenses sabemos de esa realidad, quizá muchos de nosotros, desde diferentes trincheras nos hemos involucrado con “hacer algo” por esa región, sin embargo, es un momento en el que tenemos que ser sinceros respecto a lo que se ha hecho verdaderamente y más allá de estar buscando responsabilidades, desde los gobiernos que deben intervenir ya frontalmente con esta problemática; también los ciudadanos debemos exigirnos formas activas de participación en este sentido. La realidad es que lo que sea que se haya hecho hasta este momento, no es, ni ha sido suficiente.

No ha dado soluciones, no hemos sido capaces de ofrecer condiciones de vida, ya no hablemos de desarrollo o dignidad, sino simplemente de supervivencia; es vergonzante y doloroso que los habitantes más antiguos de estas tierras, los dueños de la majestuosidad de nuestra Sierra, los herederos de todos esos siglos de cultura y tradición ahora se subalimentan con productos chatarra porque no tienen más sus medios tradicionales de subsistencia, porque no existe ningún apoyo para sobrellevar sus formas de vida en medio de la vorágine de la supuesta modernidad.

¿Qué clase de sociedad somos si nos hemos podido olvidar de estas personas, quiénes pretendemos ser si no somos capaces de mantener con vida a los nietos de los abuelos de estas tierras? Los chihuahuenses, siempre lo hemos dicho, somos gente trabajadora, dispuesta a sobrellevar las adversidades de la mejor manera, a sacar agua del desierto, a encontrar negocios y hacerlos banderas de nuestras familias por generaciones, no podemos entonces decir que seguimos siendo esos, sin que verdaderamente enfrentemos el reto de apoyar a estas comunidades.

En la actualidad, como lo hemos dicho respecto a varios temas y situaciones, enfrentamos uno de los momentos históricamente más completos, la crisis en la economía y en la seguridad son el pan de cada día, y no hay chihuahuense en general, ni menos aun juarense en particular, que pueda decir que está en una situación cómoda u holgada. Todas las familias juarenses hemos vivido momentos muy difíciles en estos tiempos, todos estamos de alguna forma sobreviviendo; pero justo por eso, por las dificultades que venimos enfrentando, debemos ser capaces de mostrar esa sensibilidad para saber que hay quienes viven la peor de las torturas, el peor de los secuestros, el asalto más vil, que es el robo de la subsistencia mínima, que es el hambre y la miseria extrema.

Ahí, estamos obligados a canalizar toda nuestra solidaridad. Encontremos los caminos para actuar.

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ARRANQUE DE PRECAMPAÑAS Y LA RELECTURA DE LA POLÍTICA

Aunque este es un escenario que por muchos lados había sido ya previsto, lo cierto es que tengamos en el arranque de las precampañas a dos partidos ya con sus candidatos definidos, por haber apostado finalmente por candidaturas de unidad nos pone ante la situación de que para dos de los tres principales partidos contendientes en la sucesión presidencial, el periodo de campaña se “alargará” por decirlo de alguna manera, pues sus precandidatos son en realidad ya candidatos, y este tiempo de precampaña lo están usando no para promocionarse al interior de sus propios partidos, sino ya de cara a la ciudadanía.

Obvio decir que, en primera instancia, parecería que quien más pierde es el partido que no va con candidato de unidad, pues no tiene este periodo extra que los otros dos estarán explotando; pero en una segunda lectura también podemos pensar que el que los candidatos de unidad se sobre expongan desde este momento, los lleva también a dar mayor pie a desgaste y a ser blanco de ataques de todo tipo, como es el caso del multivapuleado Enrique Peña Nieto, que parece que tiene que cuidar sus pasos cada vez más para no ser interceptado a los errores que ya han alimentado a los medios y las redes sociales en las últimas semanas.

Más aun ese efecto puede ser fuerte para un candidato con historia como es Andrés Manuel López Obrador, quien prácticamente arranca su precampaña hablando del pasado, pues algunos de los principales cuestionamientos de la prensa van precisamente a llevarlo a hablar de lo que fue el proceso del 2006. Parece entonces bastante peligroso el que estos dos candidatos sobreexploten su presencia pública en una campaña larga de dos periodos, pues será este que ha arrancado ya, y el que vendrá luego de la pausa en el segundo mes del año entrante en el que ya tendremos que ver definido al tercer contendiente.

Con esta reflexión lo que queremos decir es que no necesariamente los escenarios más previsibles implican que se esté exento de sorpresas, que justamente de lo más esperado se pueden tener resultados sorprendentes y que, como lo demuestra la historia electoral no sólo de nuestro país, sino de todo el mundo; en política no hay nada escrito. Los absolutos o afirmaciones determinantes quedan fuera del hecho político compuesto de la mayor complejidad de variables, quizá tendríamos que dejar en reserva lo que podrá depararnos el futuro electoral del año entrante hasta no observar la forma en que se desarrolla este primer periodo de exposición pública formal de los aspirantes a la sucesión presidencial.

No podemos desestimar el hecho de que los acuerdos políticos han sido la base del escenario que vemos en este momento, que quien se quede con la idea de que la decisión que llevó a Marcelo Ebrard a dejarle el camino libre a su correligionario Andrés Manuel López Obrador ha estado simplemente basada en los resultados de una encuesta, es porque no conoce ni someramente la forma en cómo opera la clase política. De igual forma, quien interprete la unidad priísta, aparentemente infranqueable, como una manifestación de la monolítica popularidad de su abanderado, estará pecando de inocente. Así también, la indefinición panista tiene muchas más aristas que las que se han hecho evidentes.

La complejidad política merece siempre una segunda lectura.

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INICIO DE TEMPORADA NAVIDEÑA

Con el 12 de diciembre, el festejo a la Virgen de Guadalupe, se abre de manera digamos oficial el festejo navideño en nuestro país; para nuestra frontera, llega una temporada de celebraciones en la que muchos salen de la ciudad para volver a sus lugares de origen y se crea la sensación generalizada de que estamos viviendo una pausa, y que todo reanudará su curso normal hasta enero.

La idea de que se trata de un tiempo de celebración, pero también de análisis y reflexión, pues cuando se hace una pausa en los trayectos, es posible mirar de dónde se viene y a dónde se va. Nuestra ciudad ha vivido nuevamente un año sumamente complejo, marcado nuevamente por las dos grandes crisis que hemos vivido en los últimos años, la de la economía y la de la seguridad.

Parece cansado que volvamos a hablar del tema, como cuando concluimos el año y por estas temporadas volvemos a poner sobre la mesa aquellos compromisos que hicimos el año anterior, o quizá ya durante años los vengamos haciendo, y que no terminamos por darles cabal cumplimiento. Incluso no sólo para nuestros adentros, sino con los demás, sintamos en determinado momento reticencia a hablar de esas reflexiones internas: si nos prometimos ahora sí acabar con esos malos hábitos, o finalmente llevar una vida más saludable, trabajar menos o más, estar con la familia más tiempo, disfrutar más y enojarnos menos; parece que cada año caemos en lo mismo y quizá ya no valga la pena seguírnoslo proponiendo.

La voluntad se cansa de luchar contra las fuerzas que no hemos podido vencer. Los juarenses llevamos los últimos años entrampados entre las puntas afiladas de esas dos situaciones críticas; y aunque ambas estén extendidas por todo el territorio nacional, eso no atenúa los efectos graves, a pie de calle, que vivimos día a día. El aparente consuelo de que la violencia esté lo mismo en Veracruz que en Monterrey; que la crisis económica y el desempleo estén también en la capital del país o hasta la frontera sur; no sirve de nada cuando lo que tenemos más cerca son nuestras propias necesidades que apremian.

Los últimos años, por estas épocas, hemos hecho un llamado justamente a la reflexión; pero ahora, a la distancia y con la acumulación que tenemos ya de las mismas problemáticas, cabe plantearnos si sirve de algo la reflexión, si esta pausa debe ser un ejercicio de cierre de agenda, un tiempo de calma, o eso no nos ha servido en los años previos y lo que necesitamos justamente es lo contrario. Tal parece que hemos llegado a generar los malos hábitos de la resistencia, que nuestra sociedad se ha acostumbrado a vivir en condiciones que están fuera del esquema de normalidad de un Estado de Derecho, que nos hemos acostumbrado a tener una realidad en la que no se nos respeta ni se nos garantiza lo mínimo que debe proveer un Estado a través de sus gobiernos.

¿Es entonces tiempo de la acción y ya no de la reflexión? Está tan claro ya cuál es el problema, que lo que se necesita no es pensar más en ello sino encontrar soluciones, proponer, analizar, sí, pero propuestas concretas que nos pongan a la mano las herramientas para solucionar nuestros problemas. Pero para llegar a ello tenemos primero que entender que existe esa problemática, que no es normal lo que vivimos, tenemos que admitir que existe de facto en esta ciudad, como en muchos otros puntos del país, un estado de excepción que permite que se vulneren nuestras garantías individuales, que nos mantienen en un completo estado de indefensión; y nos referimos a ambos temas, tanto en lo económico, como en el tema de violencia e inseguridad, el lugar en el que nos encontramos es prácticamente el mismo.

Y esta es la reflexión que yo hago en este principio de temporada de fin de año, que tenemos que tener claro que la vida como la venimos viviendo a diario en los últimos años no es normal, no tenemos por qué resignarnos como sociedad a continuar en este tren de acontecimientos que parece no conducirnos a ningún lado. Pero esta reflexión la pienso no sólo como un ejercicio de resistencia pasiva, sino como el disparador para que encontremos juntos acciones a realizar, un sentido, un nuevo proyecto, una propuesta verdadera que nos permita pensar en transformación. Termina el año, termina y el recuento de agravios es el mismo, aunque ya estemos acostumbrados a oírlo, el número de muertos no está dentro de los márgenes de normalidad, como tampoco lo están los índices de desempleo, subempleo y pobreza.

La tarea de este tiempo, de este momento de pausa no es entonces seguir dándole vueltas a las mismas cosas, sino crear un plan de acción, una propuesta, porque el año que empieza es justamente el fin del ciclo de este gobierno que nos hereda la tragedia de la lucha contra el narcotráfico, que nos deja las agendas llenas de temas que parecen al menos ahora, entrampados en callejones sin salida, sin vía de solución.

Entonces vuelvo al inicio de este tema, de manera muy simbólica, nuestra temporada navideña comienza con una celebración de fe, más allá de lo religioso, el 12 de diciembre simboliza la capacidad de creer que tenemos como sociedad. Aquí en Juárez ya tiene varios días que salieron las peregrinaciones, y el lunes se elevarán los rezos a la Virgen que simbolizan esa fe. Encontremos entonces la forma de tener fe, de creer, pero no en milagros, sino en propuestas y proyectos que sean capaces de pasar de la reflexión a la acción, que es hoy más que nunca, lo que necesitamos.

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LA FATALIDAD EN LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN

La suspicacia es una moneda de cambio común en la agenda política; por sobre los hechos, se trata siempre de superponer suposiciones, rumores y lecturas entre líneas. Tanto opinión pública, como la misma clase política, basan muchas de sus percepciones en lo que se considera está detrás de hechos, declaraciones o acciones. Parece un vicio inevitable y necesario para entender la vida política; pero cuando hay elementos para que se disparen los rumores es prácticamente imposible no verlos con ojos de legítima sospecha. Lo que ha sucedido con el Secretario de Gobernación Blake Mora es terriblemente trágico, y también, sustancialmente significativo.

No es posible ausentarnos del temible simbolismo que encierra, de observar a la titularidad de esa dependencia como un punto de fatalidad que mucho habrá de decirnos sobre los tiempos que vienen en el futuro nacional. Luego de la también trágica muerte de Juan Camilo Mouriño, se vaticinó la descomposición del régimen, su pérdida de rumbo, la debilidad de las instituciones. Hoy estamos de nuevo ante un panorama de luto, con el mismo temor y la misma incertidumbre, bajo el mismo esquema de sospecha que no puede ser acallada con nubosas argumentaciones técnicas. Se trata de eventos políticos de la mayor trascendencia y deben ser entendidos y explicados desde esa esfera.

Será muy difícil que ahora la ciudadanía pueda creer en que se ha tratado de un accidente, ya en el caso anterior, el de Mouriño, quedaron abiertas una gran cantidad de sospechas, aunque se haya llevado todo hasta un punto en el que no se permitió ni quedó abierto el debate; pero la sospecha hoy se aviva. Convencernos ahora de las fatales casualidades parece poco menos que imposible, pero lo realmente importante no es la discusión, sino los hechos, cuáles serán los efectos de este nuevo golpe al régimen, en dónde veremos que pesa este luto sin perder el vista el contexto, el año electoral que viene, las definiciones de candidatos.

Hoy más que nunca se vale sospechar, porque la casualidad no es la respuesta más precia, porque hay mucho que entender e interpretar y porque sobre todo, lo que necesitamos es saber qué sigue. Para entender de una manera más clara las implicaciones de estos hechos trágicos, vale la pena reflexionar sobre qué significa la figura del Secretario de Gobernación en nuestra estructura de gobierno: en primera instancia, es considerado como el segundo de a bordo de un país, el brazo ejecutivo de la cabeza presidencial, y de manera muy concreta, el encargado de la política interna de nuestra Nación. Es decir, él es la voz con la que interaccionan todos los actores políticos, sociales y económicos del país, a través de él se allegan a la Presidencia los asuntos nacionales de mayor trascendencia, es la mano activa, por decirlo de alguna forma.

Si vemos esto, podemos entender de manera más clara lo que significa perder a un personaje de esta naturaleza, y más en las circunstancias en las que se ha dado. Y si añadimos a esto la dimensión personal que tienen ambas pérdidas para el propio Presidente, nos encontramos con que ha perdido a dos de sus más altos funcionarios, y peor aun, a dos de sus más cercanos amigos. El golpe es institucional, político, y personal. Los ciudadanos tenemos hoy toda la validez de las sospechas, estamos obligados a exigir la transparencia, a que se nos claramente cuáles son los intereses de los que dependen la seguridad de nuestros altos funcionarios, sobre qué condiciones se está gobernando. Los funcionarios son personas, es terrible que vivan sus familias y allegados estas tragedias; pero también son personajes de quienes dependen la estabilidad de la vida pública, y en esa medida somos los ciudadanos quienes tenemos que exigir que se esclarezcan las condiciones. Desde este espacio, por supuesto, nos unimos a las condolencias.

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ENCUESTA DE LAS IZQUIERDAS

Edna Lorena Fuerte González

Una de las grandes polémicas que se han esperado para este proceso de sucesión presidencial es la definición del candidato de izquierda, y lo decimos así porque no se trata tan sólo del PRD, sino de todos los partidos y fuerzas que apoyaron la candidatura de Andrés Manuel López Obrador durante el 2006, y que quedaron en el umbral del triunfo y nos llevaron luego al complicado proceso postelectoral, por lo que prácticamente desde el inicio de este sexenio se especulaba quién sería el candidato que llevaría a esas fuerzas políticas nuevamente a las urnas. Hoy la definición se va poniendo cada vez más cerca, y los detalles de cómo se llevará a cabo ese proceso, dicen mucho sobre el resultado que finalmente tendremos.

En su momento, los dos aspirantes con mayor presencia, el propio AMLO con todas las implicaciones que tiene su figura, y Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, anunciaron su decisión de llevar las definiciones con cordialidad y buscar un método que no terminara en la inminente fractura que muchos querían vaticinar para esa opción política una vez que alguno de los dos aspirantes decidieran romper con su contrario; pero lo cierto es que llegamos a este punto y parece que más que nunca las relaciones entre ambos personajes transitan por un camino de acuerdo y cordialidad en el que no se alcanzan a ver en el horizonte avisos de quiebres, aunque claro, los efectos de tal o cual nombramiento no podrán ser sopesados hasta que se haya hecho la elección oficial del candidato.

Precandidatos y líderes de los partidos involucrados han decidido por que sea el personaje más popular, el que encabece las preferencias de la ciudadanía de entre los dos, el que termine siendo abanderado, para lo que se ha tomado la determinación de realizar una encuesta nacional en la que participen los militantes y simpatizantes de las fuerzas de izquierda, para tomar la decisión; en ello, ambos candidatos se juegan la posibilidad de la representación, y tal parece que de ambos lados las cosas se están tomando con mayor tranquilidad de la que se esperaría, sobre todo conociendo el carácter de uno de los dos contendientes. Pero no todo puede ser calma en las aguas revueltas de la sucesión presidencial.

Lo que está sucediendo a la izquierda del mapa político en el país no puede ser leído aisladamente, necesitamos entenderlo en el medio de la contienda con las otras fuerzas políticas, en el contexto de lo que hemos venido registrando en los procesos electorales de los últimos años, y entre todo lo que los otros partidos están haciendo de cara a julio del 2012. Es ahí en donde lo que parece una lucha en cordialidad y con toda la civilidad posible, resulta ser más parecido a un acuerdo de facto o una especie de simulación de alguna de las dos partes: de alguna forma, y por muchas cuestiones que cualquier podría enumerar con facilidad, la elección del año entrante parece ser más “la rifa del tigre” que una contienda en la que se pueda ir a luchar en igualdad de fuerzas y circunstancias.

Tal parece, a estas alturas del calendario, que cualquiera que no sea el abanderado tricolor, va a la elección a perder, a dilapidar recursos y desgastarse en una lucha por adelantado perdida, claro que muchos nos podrán decir que no hay peor lucha que la que no se hace, o que hay muchos recovecos en los que no se ha reparado para poder dar batalla, o incluso que seguramente hay cartas bajo la manga con las que se pondrá en aprietos a la maquinaria priísta; pero lo cierto es que si sólo nos quedamos con lo que hasta ahora tenemos fehacientemente, terminamos en la conclusión de que lo que veremos el año entrante será un apabullante triunfo o una tremenda derrota, dependiendo del lado en el que se esté. Entonces las verdaderas batallas que se librarán por el poder no estarán necesariamente en el plano electoral, sino más en las mesas de negociación política, en los acuerdos de facto que tratarán de tomar su lugar en el monolítico poder que se está levantando. En este punto, la encuesta de las izquierdas se parece más a esa rifa del tigre, que al menos el que ya vio el premio, no la quiere realmente ganar. Muchas veces en política la tranquilidad aparente, lleva aparejadas muchas tormentas internas que sólo el tiempo mostrará. Ya veremos los resultados de la encuesta.

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MUERE GADDAFI, VIVE EL ODIO

Edna Lorena Fuerte González

En su momento, en este espacio hablamos de la captura y asesinato, que no puede ser llamado de otra manera, de Osama Bin Laden por el ejército estadounidense, decíamos que no puede haber justicia sin juicio, que no se puede hablar de que se ha hecho lo correcto cuando no se tiene ni siquiera la certeza de los hechos y todo parece apuntar a que se ha asesinado a un criminal sin llevarlo a la justicia, a que se han usado las mismas vías por las que se les perseguía a esos criminales. Ahora ha llegado la culminación de la lucha libia, el por 40 años dictador Muammar Gaddafi fue hallado y capturado por rebeldes, que era el objetivo final de todas las movilizaciones sociales que se convirtieron luego en militares, y en la que todas las facciones posibles, aparentemente todos los hombres y mujeres de una Nación, se unieron para derrocar al régimen del tirano, todo con el apoyo y los ojos de la comunidad internacional puestos en ese país del norte aEn cambio, ahora recibimos la noticia de la indignación de la comunidad internacional por la forma en como ha terminado sus días, vemos las terribles imágenes de la tortura y no podemos más que cuestionarnos por la brutalidad de la naturaleza humana, podemos tratar de ponernos en los zapatos de los rebeldes, entender toda esa acumulación de agravios, pero no podemos, nunca, bajo ninguna circunstancia, olvidar que la brutalidad es siempre un mal final, y sin duda un peor comienzo. Aunque dejemos de lado las aspiraciones de justicia para un pueblo que ha luchado por lograr su libertad, no podremos dejar de ver que más allá de la justicia está la búsqueda del orden, cómo será que esos hombres que han dejado entrar el odio a sus vidas, que se han convertido en justo lo que han combatido, podrán volver a sus casas, o lo que quede de ellas, cómo podrán dar la cara a sus familias, cómo reconstruir una Nación si se llega a esos límites de brutalidad. Ahí, los ojos de la comunidad internacional tienen que posarse en la temible enseñanza que esto encierra, y ver que a cierto punto del encono, del odio, los conflictos no tienen vuelta atrás, no hay márgenes de civilidad ante el caos. Grandes retos enfrentará la sociedad libia ante esta forma de recomenzar. fricano.

Pero el objetivo terminó por rebasar las perspectivas, no sólo lo encontraron y lo capturaron, y es que en este punto, las formas adquieren una relevancia sumamente significativa: lo sacaron de la alcantarilla en la que se escondía, y con la mayor brutalidad lo golpearon, lo torturaron, ahora se sabe que incluso lo sodomizaron y terminó por morir a manos de sus captores de un tiro en la cabeza. Un puñado de rebeldes hizo justicia, pero no la justicia que esperaba una Nación, la justicia por la que ciudadanos comunes dejaron sus empleos y salieron a las calles a luchar, la justicia que hace el recuento de los daños, que finca responsabilidades y hacer el registro para la memoria histórica de las razones que llevan a un hombre de poder al cadalso. Tristemente la justicia que ha acabado con la vida del tirano y dictador ha sido la misma justicia con la que él gobernó, la del odio.

Quienes seguimos los levantamientos sucesivos en el norte de África, para quienes nos pareció el verano del Cairo y luego Argelia, y luego Libia, con sus diferencias claro, el amanecer de un cambio de conciencia de formas de participación sí complejas e impredecibles, pero transformadoras en el sentido más estricto; luego, Libia se fue separando del resto y la dureza del régimen que enfrentaban, su reacción violenta hizo que los caminos de la revuelta fueran los de las armas y que se terminara por tomar la capital a tiros, por hacerla una ciudad fantasma como relatan con el mayor asombro los corresponsales que vieron cómo la ciudad se vaciaba de gente y se llenaba de los sonidos del conflicto. Quienes vimos esa evolución, esperábamos el momento de la captura como un logro de las revoluciones modernas, de las que se organizan en las redes sociales, a pesar de no dejar de ser guerras. Y esperábamos ese momento para ver a un hombre que representa los peores vicios de la tiranía sentado frente a las instituciones de justicia, en la corte internacional del Haya.

En cambio, ahora recibimos la noticia de la indignación de la comunidad internacional por la forma en como ha terminado sus días, vemos las terribles imágenes de la tortura y no podemos más que cuestionarnos por la brutalidad de la naturaleza humana, podemos tratar de ponernos en los zapatos de los rebeldes, entender toda esa acumulación de agravios, pero no podemos, nunca, bajo ninguna circunstancia, olvidar que la brutalidad es siempre un mal final, y sin duda un peor comienzo. Aunque dejemos de lado las aspiraciones de justicia para un pueblo que ha luchado por lograr su libertad, no podremos dejar de ver que más allá de la justicia está la búsqueda del orden, cómo será que esos hombres que han dejado entrar el odio a sus vidas, que se han convertido en justo lo que han combatido, podrán volver a sus casas, o lo que quede de ellas, cómo podrán dar la cara a sus familias, cómo reconstruir una Nación si se llega a esos límites de brutalidad. Ahí, los ojos de la comunidad internacional tienen que posarse en la temible enseñanza que esto encierra, y ver que a cierto punto del encono, del odio, los conflictos no tienen vuelta atrás, no hay márgenes de civilidad ante el caos. Grandes retos enfrentará la sociedad libia ante esta forma de recomenzar.

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COALICION CONTRA LA DEMOCRACIA

Edna Lorena Fuerte González

La lectura que la mayoría de los líderes de opinión a los que atendemos con regularidad, han dado a la propuesta de gobierno de coalición presentada en un desplegado firmado por académicos, intelectuales y políticos, todos ellos con un nombre y un peso específico, ha sido interpretada, y es porque así ha sido presentada por sus autores prácticamente, como una propuesta contra al arrasadora maquinaria del PRI con Peña Nieto a la cabeza: la coalición contra Peña Nieto, ha sido palabras más, palabras menos, el encabezado de las reflexiones al respecto; lo que se dice es que sin la unión de todas las fuerzas contrarias al tricolor del mexiquense, no va a ser posible arrebatarle el regreso del gobierno al tiránico priísmo de antaño. Esto, en las cifras de encuestas, quizá sea medianamente cierto, pero a la reflexión simplista que divide al mundo en blanco y negro, le faltan muchas aristas.

Si se suman porcentajes de encuestas, quizá los que figuran en esa opción pudieran encabezar una propuesta más copiosa que si lo hicieran cada uno por su lado; sin embargo, el comportamiento electoral no son cifras estáticas y se construye de preferencias y para poder saber la eficacia de la idea, se tendría que construir concretamente, ponerle nombre y apellido, y lanzarla a la arena de los electores; pero aquí el asunto es que no se trata sólo de una propuesta electoral, que para ello están las alianzas de partido que tan bien se conocen ya, esto es distinto, se trata de una propuesta de gobierno, es decir, las fuerzas firmantes, interesadas en crear este “movimiento” hacen un contrato prenupcial para proteger sus intereses más allá de la contienda electoral, con el valiente argumento de lo inevitable, es decir, a los ciudadanos nos dicen que son ellos o “la vuelta del PRI”, como si nos vinieran a asustar con el peor cuento de terror para que salgamos despavoridos a sus brazos.

No hay una propuesta de gobierno real, no se trata de hacer una competencia con el enemigo, medir fuerzas y crecerse con propuestas, sino jugar con los malos recuerdos históricos, que no son pocos, para hacer su parcela de poder. Nada más lejano a la idea de contienda democrática que se ha construido en la conciencia de los ciudadanos que vimos nacer el sistema electoral de nuestro país, nada que ofenda más a los métodos electivos que ponen igualdad de condiciones para los partidos y que sus posibilidades de ganar o perder, es prácticamente destino que se construyen ellos solos; es decir, no somos los ciudadanos quienes los miramos con malos ojos, quienes les tenemos un odio incomprensible y los ponemos lejos de nuestras preferencias, sino son ellos quienes no han sabido ganarse un lugar en la contienda. Ahora nos dicen que esa es la única solución para evitar lo inevitable, que ante este escenario se necesita crear condiciones excepcionales, pero no dicen que son ellos quienes han construido este escenario.

PAN y PRD no han sabido hacer crecer sus oportunidades de poder, no han sabido ser gobiernos reelegibles, que representen una opción viable en el panorama político y el PRI ha insistido en sólo hacer lo que saber hacer desde siempre, quizá con mayor cinismo. Ni siquiera Peña, con toda su apabullante carga de preferencias, con toda la caballada y la maquinaria, representa una opción que nos hable de madurez democrática, por el contrario, es involución y menosmalismo, es que no tenemos más opciones; pero promover el voto del miedo para ganarle es una cobardía. Sí la idea de el “gobierno de coalición” es una estrategia contra un candidato, quizá una idea que en el papel pareció buena como para que pudiera involucrar a algunos personajes respetables a los que debemos mucho de nuestra democracia, pero que parecen muy ingenuos al involucrarse en algo como eso, pues contra quien verdaderamente se está atentando, es contra la democracia. El estado de nuestro sistema político no es responsabilidad de los ciudadanos, es culpa de los políticos que ahora piden medidas extremas de rescate, cuando lo mínimo que pueden hacer a estas alturas de la descomposición es hacerse responsables de lo que ellos mismos han construído.

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